Las fotos son el primer filtro de cualquier comprador — antes incluso de leer el precio.
Abre todas las persianas y cortinas, fotografía en horas con buena luz de día, y evita el flash directo que aplana los espacios.
Retira objetos personales, ropa a la vista y desorden. Un espacio limpio y neutro ayuda al comprador a imaginarse viviendo ahí.
Fotografiar desde la esquina de cada estancia (no desde el centro) suele captar mejor la sensación de amplitud del espacio.
Las fotos horizontales se ven mejor en la mayoría de portales inmobiliarios y transmiten más profesionalidad que fotos verticales tipo story de redes sociales.
Una sola foto oscura, borrosa o de un baño desordenado puede hacer más daño al conjunto del anuncio que diez fotos buenas ayudan.
En los portales inmobiliarios, la foto de portada decide en segundos si un comprador entra a ver el anuncio completo o pasa al siguiente. Un piso con fotos profesionales y bien iluminadas puede generar varias veces más contactos que el mismo piso con fotos mediocres — es la inversión con mejor retorno de todo el proceso de venta.
Lo habitual es entre 15 y 25 fotos que muestren todas las estancias, incluyendo detalles relevantes (cocina, baños, terraza si la hay) y una foto de portada que capte bien la luz y el espacio principal.
Con luz natural, evitando el sol directo entrando de frente a la cámara. Las horas centrales del día con cielo despejado suelen dar mejores resultados que fotos con luz artificial nocturna.
No es obligatorio, pero fotos de calidad profesional generan significativamente más contactos que fotos con el móvil mal encuadradas. Muchas agencias inmobiliarias incluyen fotografía profesional dentro de sus servicios de venta.
Sí, cada vez es más habitual y ayuda a filtrar compradores realmente interesados antes de la visita presencial, ahorrando tiempo tanto al vendedor como a compradores que descartan el piso tras verlo virtualmente.
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