El documento que evita la mayoría de discusiones sobre la fianza al terminar el contrato.
Paredes, suelos, techos, puertas y ventanas de cada habitación, anotando cualquier desperfecto ya existente antes de la entrada del inquilino.
Complementa el documento escrito con fotografías, especialmente de electrodomésticos, mobiliario y cualquier detalle que pueda generar dudas después.
El día de la entrega de llaves, con copia para propietario e inquilino — sin firma de ambos, el documento pierde buena parte de su valor probatorio.
Anota las lecturas de luz y agua el día de entrada, para evitar discusiones sobre consumos previos al contrato.
La mayoría de conflictos por la devolución de la fianza surgen porque no hay forma objetiva de comparar el estado de entrada con el de salida. Un inventario detallado y firmado por ambas partes convierte una discusión de "él dice, ella dice" en una comparación objetiva, protegiendo tanto al propietario (frente a daños reales) como al inquilino (frente a descuentos injustificados por desgaste normal).
No es obligatorio por ley, pero es muy recomendable: sin un inventario firmado por ambas partes al entrar, es mucho más difícil demostrar el estado original de la vivienda al finalizar el contrato, lo que genera disputas frecuentes sobre la devolución de la fianza.
Estado de paredes, suelos y techos por estancia, electrodomésticos y su funcionamiento, mobiliario si la vivienda está amueblada, lecturas de contadores de luz y agua, y fotografías con fecha de cada elemento relevante.
Tanto el propietario (o su representante) como el inquilino, idealmente el mismo día de la entrega de llaves, con copia para ambas partes.
Sí, es la prueba más sólida del estado original de la vivienda. Sin él, es la palabra de una parte contra la otra; con inventario firmado y fotos con fecha, queda un criterio objetivo de comparación al finalizar el contrato.
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